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Estudio del marco teórico del capital humano como creador de valor

El conocimiento entendido como aquel trabajo complejo que se cristaliza en un determinado producto tangible no tiene valor, ni tampoco precio, como no lo tiene el trabajo.

Evolución histórica de la teoría valor- trabajo

Los estudios sobre la teoría valor -trabajo tienen sus orígenes desde el siglo XIX con el desarrollo de la economía política burguesa. A pesar del tiempo el tema ocupa hoy un espacio de gran importancia debido al desarrollo de la economía del conocimiento y con ella el papel que desempeña el capital humano. El presente capitulo tiene como objetivo analizar con un enfoque marxista- leninista los fundamentos teóricos metodológicos sobre los cuales se sustenta el capital humano en el siglo XXI.

Para la realización de un estudio Marxista–Leninista sobre los fundamentos teóricos metodológicos del capital humano, es necesario profundizar en los orígenes teóricos de la teoría valor-trabajo como fuente donde se sustenta el proceso de creación de valor.

El Mercantilismo

Los primeros intentos teóricos de explicar los fenómenos que se estaban gestando en el proceso de descomposición de las relaciones de producción feudal y gestación de las relaciones de producción capitalista, fueron explicado por la corriente de pensamiento conocida como el mercantilismo Esta corriente de tipo mercantilista donde el capitalismo nace a partir de un proceso histórico de acumulación originaria de capital se manifiesta como sigue: (Ver figura # 1 “Proceso de surgimiento de las relaciones de producción capitalista”)

Figura # 1: “Proceso de surgimiento de las relaciones de producción capitalista”

Fuente: Elaboración propia a partir de: Castaño, Héctor Curso de Pensamiento Económico Universal: “ La Economía Política Burguesa Clásica”. Clases Televisivas “Universidad para Todos”. La Habana 2005.

Con esto surge una primera Modalidad Libre del Capital, el Capital Comercial, que su premisa histórica es el desarrollo del modo de producción capitalista, comprar barato para vender caro, entonces, cabria preguntarnos en este estudio qué entender desde el punto de vista teórico por mercantilismo

Fuente: Elaboración propia a partir de: Castaño, Héctor Curso de Pensamiento Económico Universal: “ La Economía Política Burguesa Clásica”. Clases Televisivas “Universidad para Todos”. La Habana 2005.

Coincidiendo con Castaño H. (2005), el mercantilismo era un reflejo de la unión donde la burguesía se encontraba en plena gestación. Se plantea que era un fenómeno de la superficie y una política para atesorar dinero y grandes monarquías.

Marx llegó a la conclusión de que el mercantilismo era la primera teoría burguesa, o el primer intento de comprender el capitalismo, en el período de su formación. En el trabajo “ Contribución a la crítica de la economía política”, Carlos Marx indica que el mercantilismo relevó de una manera ingenua lo que era la esencia secreta de la producción capitalista, es decir la subordinación al valor de cambio.

Apareció en la época de la acumulación originaria, es decir, en el período de la disgregación del feudalismo. El Mercantilismo es la ideología de la clase gobernante, de la época de la formación del modo burgués de producción, cuando el capital comercial influye poderosamente sobre la disgregación del viejo modo de producción.

Economía Política Burguesa Clásica

La economía política burguesa clásica fue la primera corriente del pensamiento económico que surge, y para entenderla hay que ver su condicionamiento histórico y con ella la teoría de su fundador Willam Petty , quien nos expone sobre la teoría del valor y en específico sobre la renta, el precio de la tierra y el interés.

Sobre el mercantilismo Willam Petty no estaba de acuerdo, él decía que la riqueza se obtiene del trabajo planteando así la determinación de la renta, esta pudiera expresarse como:

Figura # 2: “ Determinación de la Renta según Petty”
Fuente: Elaboración propia a partir de: Castaño, Héctor Curso de Pensamiento Económico Universal: “ La Economía Política Burguesa Clásica”. Clases Televisivas “Universidad para Todos”. La Habana 2005.

La Teoría Económica de los Fisiócratas

Sus dos teóricos más destacados fueron Quesnay y Turgot los cuales continuaron el mismo fructífero principio en el terreno del pensamiento económico con el que se distinguió el siglo XVII.

La teoría económica de los fisiócratas es un nuevo ascenso en el desarrollo de la ciencia llamada Economía Política. Esta teoría refleja un determinado grado en el desarrollo del capitalismo.

Ante los fisiócratas se desplegaba un cuadro de la economía bastante característico para el período de descomposición del feudalismo y de surgimiento de las relaciones capitalistas.
La lógica de la teoría fisiocrática es exaltar la propiedad privada de la tierra y la esencia de esta doctrina reside en que la riqueza del país radica en la producción agrícola. Concretamente, según la opinión de los fisiócratas, la gran hacienda agrícola del granjero es capaz de asegurar la obtención de un “excedente económico” o como la denominaba además Quesnay, un “producto neto”.

La Doctrina de Adams Smith

Más tarde dos grandes economistas de la escuela burguesa clásica de todos los tiempos le dieron seguimiento a esta corriente, Smith y Ricardo .

Adam Smith consideraba que el trabajo era la unidad de medida exacta para cuantificar el valor, pero no el factor determinante de los precios. Smith fue el primer economista que formuló una teoría sistemática del valor; considerando que la sociedad obtiene, mediante su trabajo, todas las cosas que necesita para vivir. Ello lo llevó a investigar qué condiciones eran las más favorable para el mayor rendimiento del trabajo social, conclusión: “el máximo mejoramiento en el poder productivo del trabajo, y la mayor parte de la perecía, destreza y discernimiento con que se le dirige y aplica dondequiera, parecen haber sido efectos de la división del trabajo”, ésta acaba por abarcar todo el campo de la actividad económica.

“Cuando la división del trabajo ha sido completamente establecida, cada hombre satisface sólo una muy pequeña parte de sus necesidades con lo que él mismo produce trabajando. Llena la mayor parte de ellas mediante el cambio del excedente del producto de su trabajo sobre lo que reclama su propio consumo, por tantas partes del producto del trabajo de otros hombres como puede”. (Zamora, F. 1959).

Smith escribe que la palabra valor tiene significados diferentes: expresa a veces la utilidad de algún objeto particular, y en ocasiones, el poder de comprar otros bienes que la posesión de ese objeto confiere, valor de uso y valor de cambio

Las magnitudes de valor de uso y de valor de cambio de un mismo bien no sólo no se corresponden, sino que a veces son opuestas.

Smith al descubrir las normas “naturales” que regulan el cambio nos dice que es el valor de cambio el que le interesa y no porque ignore que lo tienen los bienes cambiables, dada su calidad de cosas útiles, sino porque como quiere exclusivamente investigar el cambio, el valor que sobre todo le importa es el que hay en los bienes gracias al poder que confieren a su poseedor de adquirir otros con ellos, o sea, el valor de cambio.

También observó Smith que “todo hombre es rico o pobre según el grado en que tienen con qué disfrutar de lo necesario, así como de las comodidades y entretenimientos de la vida humana”. Sin embargo, encontró que después que la división del trabajo se ha generalizado, el hombre se procura con su esfuerzo personal solamente una muy pequeña parte de los medios que requieren tales satisfacciones; que la mayor parte de ellos la obtienen del trabajo de otros; y que, por tanto, es rico o pobre de acuerdo con la cantidad de trabajo que le permite comprar o comandar”

“El trabajo es- insiste- por lo tanto, la medida real del valor de cambio de todas las mercancías”, lo que se compra con dinero o con bienes se compra con trabajo, tanto como lo que se adquiere mediante la fatiga de nuestro propio cuerpo; ese dinero o esos bienes nos ahorran esta fatiga; contienen el valor de cierta cantidad de trabajo que cambiamos contra lo que se supone que en el momento contienen el valor de una cantidad igual”. “Todas las riquezas del mundo se compraron originalmente, no por plata u oro, sino por trabajo, y el valor que tienen para quienes las poseen y desean cambiarlas por nuevos productos, es precisamente igual a la cantidad de trabajo que gracias a ellas, pueden comprar o comandar”
Es decir, el valor de un bien, para su productor inmediato, mide, según Smith la cantidad de trabajo que le cuesta producirlo; y si necesita cambiarlo, lo hará contra un bien cuya producción le exigiría el gasto de una cantidad de trabajo igual: aprecia el valor de este segundo bien, calculando el trabajo que se ahorra al obtenerlo mediante la cesión del que ya posee. Mientras menos trabajo cueste adquirirlos, menos trabajo puede comprar o comandar; en consecuencia, no son medidas fidedignas del valor de otras mercancías, puesto que su propio valor continuante varía. Por lo contrario para Smith sí es un metro invariable, porque afirma “Para el trabajador, puede decirse que las mismas cantidades de trabajo tienen el mismo valor en todo tiempo y lugar.

Teniendo en cuenta la exposición de Smith anteriormente se ha llegado a la siguiente conclusión:

1) El valor de las mercancías lo mide el dueño de ellas por el trabajo que le cuesta producirlas o porque el que le ahorran cuando obtienen en cambio otras cuya producción directa le exigiría trabajo.
2) El trabajador estima que una cantidad dada de trabajo vale siempre lo mismo, puesto que siempre le cuesta lo mismo, ya que lo obliga a sacrificar las mismas porciones de ocio, libertad y felicidad.
3) De lo anterior se deduce que atribuirá a las mercancías el valor que para él tienen el trabajo que le cuestan, o el que se ahorra cuando las cambia por otras, valor que será siempre el mismo para las mismas cantidades de trabajo.
4) Si en lo fundamental iguales cantidades de trabajo tienen igual valor, como en aquél hay diferencias de calidad, deben hacerse compensaciones cuantitativas que los nivelen, al comparar los trabajos con que se han producido obras diferentes; y así se hace efectivamente en el mercado, en donde al equiparar los productos se estima en más la mercancía creada con una hora de trabajo difícil o calificado, que el bien producido durante el mismo tiempo de otro fácil o simple.(Zamora, F. 1959)

Para Smith, hay una homogeneidad original en la capacidad de trabajo de todos los hombres, que subsiste bajo la superficie de la diferenciación posterior.

“la única medida, tanto universal como segura del valor; o el único patrón por medio del cual en todo tiempo y lugar podemos comparar los valores de mercancías diferentes”.

Sostiene Smith: “El valor de una mercancía cualquiera, para la persona que la posee y no se propone usarla o consumirla por sí misma, sino cambiarla por otras mercancías, es igual a la cantidad de trabajo que le permite comprar, o de la cual permite disponer” (Adam Smith. “La riqueza de las naciones”, la economía política clásica, página 31).

La Teoría Económica de David Ricardo

Durante los 25 años posteriores al fallecimiento de Smith, David Ricardo desarrolló la teoría del valor trabajo en sus “Principios de Economía Política y de la Imposición” (1817) en la que afirmaba que todos los costos de producción son, de hecho, costos laborales que se pagan, bien de una forma directa o bien acumulándose al capital (por ejemplo, maquinaria adquirida gracias al esfuerzo de los trabajadores). Por ello se defendía que los precios dependían de la cantidad de trabajo incorporado en los bienes o servicios. Sin embargo, el posible fallo de la teoría es que si dos bienes se producen utilizando la misma cantidad de factor trabajo, pero uno de ellos utiliza más factor capital e incluirlo en el precio si quiere obtener la misma tasa de beneficios o ganancias que la del productor del bien intensivo en trabajo.

Ricardo, quien sigue y mejora la teoría del valor de Smith, reconoce que el término tiene doble acepción que éste le dio, declara “que la utilidad no es la medida del valor de cambio, aunque es absolutamente esencial para él”. “Si una mercancía- agrega- careciera por completo de utilidad (en otras palabras, si de ningún modo contribuyera a nuestra satisfacción) estaría destituida de valor de cambio, por escasa que pudiera ser la cantidad de trabajo necesaria para producirla”. Pero al igual que Smith, renuncia a estudiar el valor de uso porque a su juicio – como lo dejó asentado en las últimas líneas de sus Principles of Political Economy- “el valor de uso no puede ser medido por ningún patrón conocido; las distintas lo estiman de diferente manera. Cita, pues, con aprobación, algunos párrafos de The Wealth of Nations; corrobora que como ahí se lee: “ el precio de todas las cosas, lo que en realidad cuestan al hombre que desea adquirirlas, es la fatiga e incomodidad de obtenerlas”; y concluye: “ si la cantidad de trabajo realizada en las mercancías regula su valor de cambio, cada incremento de la cantidad de trabajo debe aumentar el valor de la mercancía en que se ha empleado, así como cada reducción debe disminuirlo”.(Smith, A. 1776).

Para Ricardo es el trabajo, tanto presente como pasado, el que determina el valor de las mercancías y permite compararlas cuantitativamente en el cambio y subrayó la diferencia que hay entre la cantidad de trabajo que cuesta producir una mercancía, y la del que ella se puede comprar o comandar, aunque tampoco logró resolver el problema que plantea esa diferencia, hizo de la ley del valor- trabajo. Percibió en mayor grado que Smith la distinción entre el valor absoluto, medido por la cantidad de trabajo gastado en producir el bien, y el valor relativo, o sea, la proporción en que dicho bien se cambia con las otras mercancías. Aunque se ocupó tan poco como Smith en definir el trabajo origen del valor, da la impresión de que se aproximó mucho más a la concepción de una naturaleza social de este trabajo, no tan sólo por su un tanto nebulosa idea de la escala permanente de trabajos distintos, socialmente establecida, sino también por el hecho de que supone divididos en clases aun a los hombres primitivos, que se reparten los nuevos valores creados en proporciones.

Pero ni Smith ni Ricardo definieron las determinaciones particulares del trabajo que hace equiparables las mercancías y, en consecuencia, les confiere valor de cambio. Ellos precisaron la naturaleza de la relación existente entre el valor absoluto y el valor relativo o de cambio.

Descubrieron las que hay entre el valor fundado en el trabajo, y el costo de producción, descubriendo que implica el de las que existen entre el primero y la tasa general de beneficio, que sirve para explicar el segundo.

La teoría del valor, tal como lo expusieron Smith y Ricardo, aun cuando reconocía, como se ha visto, la existencia del beneficio, no acertaba a explicar satisfactoriamente su procedencia, Los economistas post-ricardianos, en vez de continuar y ahondar el análisis iniciado por los clásicos, consideraron que la única manera de resolver la dificultad era abandonar cada vez más esa teoría, y así lo hicieron.

El contenido de clase de la economía había sido ya advertido de una manera elocuente y duramente atacado por Henry C. Carey, economista norteamericano, quien acusaba a Ricardo de haber edificado su teoría sobre bases que, según el, ponían en peligro la paz social al ser tomadas por agitadores y comunistas:

“El sistema de Ricardo es el sistema de la discordia…Busca fomentar la hostilidad entre las clases y las naciones… Su libro es el verdadero manual del demagogo que aspira al poder, por medio de la distribución de la tierra de la guerra y el saqueo”( Carey H. C.1848).

Esta última teoría es la que aún hoy se conoce en Economía Política como aquella que sustentaron los fundadores científicos de esta rama del conocimiento social dando nacimiento a la Economía Clásica o Escuela Clásica de Economía.

Desde William Petty hasta David Ricardo, el análisis económico tomó un rumbo sólidamente cimentando en la consideración del valor por el trabajo y el valor de cambio como su expresión objetiva. Los más grandes sistemas de Economía aparecen, como es sabido, hacia esta época. Adam Smith (“ La Riqueza de las Naciones”), con quien la economía se eleva al estatus de ciencia, y David Ricardo (“ Principios de Economía Política y Tributación”), quien la hace alcanzar el más alto nivel de profundidad analítica en la primera mitad del siglo XIX.
En la economía política clásica de la teoría del valor es comprendida como una instancia de autorregulación de lo social que garantiza la reproducción global del sistema.

En esta misma línea plantea Ricardo: “El valor de una cosa, o sea, la cantidad relativa de trabajo que se necesita para su producción y no de la mayor o menor retribución que se pague por ese trabajo”. (Ricardo D. 1817).

Surgimiento de la Economía Política pequeño burguesa

Los economistas pequeño burgueses suelen prestarle atención al valor de uso; recordemos a Proudhom y a Sismondi.6 Casi se presenta al valor de cambio como “culpable” y al valor de uso como “Inocente”. La crítica de los clásicos a estos ideólogos pequeño burgueses tiene mucha vigencia: asumir un enfoque moralista ante el sistema capitalista o hacia el “socialismo real” que hemos conocido, no resuelve el problema. Hay que encontrar las fuerzas sociales que llevan en sí mismas al carácter transformador de la sociedad.

Para Sismondi la Economía Política es ante todo una ciencia moral que persigue el bienestar material de los hombres en cuanto depende el Estado. Sismondi casi no desarrolló la teoría del valor por el trabajo. El mismo confiesa que su función es divulgar la tesis de Smith. No obstante, apreció hasta cierto punto, las contradicciones entre el valor de uso y el valor de cambio.

Sismondi comprendió hasta cierto punto el carácter contradictorio del uso capitalista de las máquinas: las máquinas no eran perjudiciales al obrero en general.¿ Son perjudiciales o no las máquinas al obrero en general se preguntaba Sismondi y respondía: las máquinas son ustedes sólo cuando la producción está en concordancia con el consumo.

1.1.7 La Economía Política burguesa vulgar

No habría de pasar mucho tiempo sin que, junto a estos poderosos pensadores, aparecieran los vulgarizadores, quienes prestamente trivializaron muchas de sus concepciones más importantes, y en sus manos la economía política adquiriera una exposición didáctica y manualística.

Say considerado el padre de la Economía Política vulgar es el más destacado de los economistas de esta economía política burguesa vulgar fue Jean Baptiste Say7, quien rechaza la teoría del valor- trabajo porque para él el trabajo no es la única fuente creadora de utilidad y por tanto, de valor. También lo son el capital y la naturaleza. Las relaciones entre el capital y el trabajo se reducen a un intercambio de servicios, el capitalista le presta un servicio al capitalista al trabajar para éste. La correlación de estos “servicios productivos” prestados por el capital, la tierra y el trabajo, su oferta y su demanda son determinantes para el precio de las mercancías. En realidad no es el capital quien directamente recibe el interés, tampoco es le tierra quien recibe directamente la renta. Y esto no puede dejar de admitirlo Say, son el propietario del capital y el propietario de la tierra, quienes, bajo determinadas relaciones de producción, pueden apropiarse de la ganancia y de la renta. La propiedad permite- en este caso- la apropiación de un ingreso, pero no lo crea.

1.1.8 La Corriente Sincrética de la Economía Política Burguesa

El más destacado de esta corriente fue John Stuart Mill8, que no hizo otra cosa que seguir los pasos de Ricardo inclusive a lo que se refiere a la teoría del valor, la verdad es que se separó de ella en cuestiones de fundamental importancia y abrió la puerta a la aceptación de las críticas que se dirigieron a Ricardo, impulsando en esta forma las tendencias que marchaban en un sentido opuesto a la teoría valor trabajo. Rechaza el concepto de valor real o valor absoluto sobre el que se ha basado Ricardo, aceptando que el valor es un término relativo, según se expresa en la siguiente conclusión: “ Valor es un término relativo. El valor de una cosa, o de cosas en general, por las cuales se cambia. Los valores de todas las cosas no pueden, por consiguiente, subir o bajar simultáneamente. No puede haber un alza o una baja general de valores. Todo aumento de valor supone una baja y toda baja un aumento” (Molina, E. 1991).

En resumen, aunque la teoría de Mill, no es una teoría completamente de oferta y demanda, ya que aun no confiere demasiada influencia a la utilidad y lo coloca en el camino de aquellas concepciones que adoptan la utilidad y la demanda como determinantes de valor.

La Escuela Subjetiva y la Economía Subjetivista

Alrededor de 1870 se produjo un gran viraje en el estudio de la economía política. Fue el paso de una orientación objetivista a una orientación subjetivista en el estudio económico.
Los económicos posteriores a 1870 partieron del sujeto económico y a la existencia de necesidades a satisfacer y de bienes en cantidad limitada e insuficiente para satisfacerlas.

El valor y todas las categorías con él relacionadas y que en él encuentran sus fundamentos explicativos, fueron reducidos a consideraciones de naturaleza “subjetiva”, “estimaciones”, “valoraciones”, “apreciaciones”, etc. de índole personal y psicológica. Se inició de este modo un intento denodado por construir una “Teoría subjetiva del valor” coherente y armónica, y junto con ella surgió todo el repertorio de nociones que hasta en la actualidad se usan: “necesidades”, “deseos”, “utilidad”, etc. En suma la reconstrucción de la teoría económica sobre el valor de uso, reducido a su vez a utilidad marginal como su contenido determinante.

La utilidad como principio explicativo del valor

a) La existencia de la utilidad.( Pasenti A, 1987).
Para poder llevar adelante la obra de reconstrucción teórica de la Economía Política, la nueva corriente basando el problema del valor de las mercancías en el valor de uso, topó con la antigua noción de utilidad a la que debió darle no sólo sus contornos específicos de operatividad analítica, sino establecer con exactitud a qué se alude conceptualmente con ella en rigor.

Los fundadores de la nueva concepción comenzaron construyéndola a partir de la aceptación sin dudas de la existencia de “la” utilidad como si fuera un hecho común de la experiencia cotidiana, que aparece en razón de que determinada cantidad de mercancía se convierte en una condición para satisfacer una necesidad que de otro modo quedaría insatisfecha.

Se reconoce así la existencia de una relación general entre bienes y satisfacción de necesidades que es precisamente a lo que se denomina Utilidad. Pero inmediatamente debe advertirse que: 1) la propiedad satisfactoria de los bienes no es intrínseca a ellos. Se debe al carácter de las necesidades humanas que es la que hace que ellos se vuelvan aptos (útiles) para cubrirlas; de manera que la aptitud, facultad, o capacidad de los bienes para satisfacer necesidades no descansa en su materialidad corpórea; 2) la utilidad es de carácter subjetiva y personal. Ello es así en tanto lo que se debe tener en cuenta es no sólo la necesidad sino su grado o intensidad que se satisfará con cada dosis o unidad que cada demandante individualmente consume, y 3) Unida a la utilidad, para que los bienes tengan valor, debe sumársele un determinante externo: su escasez.

b) El problema de la medición de la utilidad

Esta concepción subjetiva del valor estableció que el valor de cualquier bien o lo que es lo mismo el valor de cualquiera de sus unidades, está dado por el valor de la utilidad, pero no la de su versión antigua de carácter total, sino por el valor de la última unidad medida ésta por su utilidad marginal.

Aparece entonces la cuestión de cómo medirla exactamente, ya que medir es cuantificar y al vincular la utilidad con la intensidad de la necesidad a cubrir por cada demandante convierte la relación general bien-necesidad-consumo en un proceso o fenómeno puramente interno al individuo o también de carácter psíquico, transformando en problema lo que en tal momento debiera ser su solución y demostración inapelable.

¿Cómo cuantificar aún con el concepto de margen un proceso de índole psíquica? puesto que en definitiva se demanda un bien determinado por la satisfacción o utilidad que se experimenta al consumirlo, finalmente hay una reducción de la utilidad a satisfacción de las diferentes intensidades de las necesidades y de aquí su transformación de relación económica en fenómeno psicológico.

Pero, mientras que el valor siempre represente una significación positiva hay que reconocer que aquello que afecta a nuestras necesidades puede hacerlo de manera positiva o negativa. Incluso, un mismo objeto puede tener una significación objetiva tanto positiva para unos hombres como negativa para otros, en relación con las necesidades, intereses y condiciones de los mismos.

Se puede entonces afirmar que mientras todo valor es significativo, no todo lo significativo es valor. La significación incluye a los antivalores, que poseen una significación social negativa. La significación, por tanto, es más amplia que el valor.

Pero con adeptos, críticos y difundidores, la teoría del valor había adquirido un decidido sesgo de índole objetiva y era este el aire que se respiraba en la ciencia económica de modo predominante.

A tal punto que, a partir de los análisis efectuados por los clásicos (y en particular por D. Ricardo), comenzaron a surgir corrientes económicas opuestas, no ya solamente desde una posición académica, sino que apuntaban a subvertir el estado de cosas económico-sociales establecido por la burguesía. Se trata del surgimiento del ala socialista en economía como expresión de la nueva clase que comenzará a disputarle la escena política y el poder del Estado a la burguesía y sus socios terratenientes.

En particular estos últimos habrían de enfrentarse no sólo con los enfoques de los maestros sino con la otra ala desprendida de ellos y que Marx denominara economía vulgar, cuyos exponentes habían dado muestra del carácter tendencioso y puramente ideológico de sus doctrinas económicas tal el caso de J.B.Say por ejemplo.

Esta corriente tendenciosa se reforzará en el transcurso de los conflictos sociales que culminarán en 1848 con las revoluciones que sacudieron Europa y en las cuales las masas proletarias tomarían una participación activa. Nasau William Senior y J.R. Mc. Culloch en Inglaterra y Frederic Bastiat en Francia, se convertirían en los exponentes de este camino de disolución de la economía política que de ciencia se transforma en ideología apologética.
La teoría subjetiva o el enfoque subjetivo de los problemas económicos no había conseguido, durante esta época, dar la batalla y elaborar una respuesta total, coherente y de suficiente fuerza explicativa como para sustituir a la que habían construido los clásicos.

El ataque frontal y en toda la línea se llevará a cabo a partir de 1870 aproximadamente y el carácter fundamental que tendrá y aún tiene hoy es el responder a los clásicos y a su teoría objetiva del valor como también a sus grandes teorías económicas. Pero también apuntaban de modo indirecto pero insoslayable a la derivación marxiana de esas teorías: a la concepción del valor basada en el trabajo, a la de la explotación del trabajo por el capital y el plusvalor como apropiación gratuita por parte de la burguesía. Brevemente, la finalidad última y esencial era responder al desafío lanzado por Marx quien impugnaba la sociedad liberal y el sistema de propiedad privada de los medios sociales de producción basado en el trabajo asalariado.

Anteriormente hemos expuestos varios criterios sobre la teoría del valor, pero el valor debe ir acompañado del capital. Smith para hablar de capital se basa en el siguiente concepto, divide los capitales en fijos y circulantes: pertenecen a la primera categoría los que para procurarle un ingreso a su propietario, no tienen que salir del poder de éste. Ejemplos: herramientas y máquinas; edificios de todo género empleados en la actividad productora, o dados en arrendamiento; mejoras hechas a la tierra, tales como pozos, sistemas de riego o de avenamiento, abonos, etc. Son capitales circulantes los que sólo rinden lucro a su propietario cuando pasan a otras manos. Ejemplos: las existencias de productos alimenticios que poseen los comerciantes en víveres; las materias primas; los productos acabados que fabricante o el mercader ofrecen en venta; y el dinero mismo. (Zamora, F. 1959).

Análisis de la teoría valor –trabajo de Federico Engels y Carlos Marx

Para Marx la noción del trabajo está fuertemente legada, a la esencia humana, pues se alude a una esencia del ser humano (el trabajo como actividad vital creativa) que se encuentra perdida y que es necesario recuperar para conjurar la alineación.

A juicio de Engels, la causa principal de la desaparición de la escuela de Ricardo- según él, última rama de la economía propiamente clásica- fue su ineptitud para explicar el valor del trabajo. Si el valor del trabajo es la medida de todos los valores, no podemos expresar el “ valor del trabajo” sino en trabajo.

Sin embargo Marx considera que las diversas mercancías son como corporizaciones- como cristales, dice: de la energía psicofísica indiferenciada que se gasta en todo trabajo humano, caso omiso hecho de la forma particular que asuma durante la producción, de cada bien concreto. Solamente así podemos compararlas como magnitudes de la misma especie. “Todo lo que ahora nos dicen esos objetos- escribe nuestro autor- es que hay en ellos trabajo humano acumulado. Como cristales de esta substancia común a todos ellos, son valores”. El análisis nos conduce a esta conclusión: las mercancías son valores de cambio, pueden intercambiarse en ciertas proporciones, porque son valores, y lo son, porque se han corporizado en ellas cantidades de energía psicofísica, de fuerza humana de trabajo.

Según lo que antecede, un valor de uso, una cosa útil, tienen valor porque encierra materializada cierta cantidad de energía psicofisiológica de la que gasta cualquier hombre cuando trabaja o para hablar como Marx, porque es una corporización de “trabajo abstracto”. ¿Pero cómo medir su valor? Por la cantidad de substancia “creadora de valor” que contiene, o dicho de otro modo, por la cantidad de trabajo abstracto que almacena.¿ Y cómo se mide ese trabajo? Por el tiempo de su duración; y ese tiempo a su vez, se miden en horas, días, etc. Nada más erróneo según Marx: el trabajo que crea el valor es una “substancia social”, no la emanación de energía psicofísica de cada individuo tomado aisladamente. Para concebirlo con exactitud tenemos que partir de las siguientes bases: (Zamora, F. 1959).

a) La sociedad produce con el trabajo de todos los miembros económicamente activos, la totalidad de los bienes que necesita.

b) Para producir la totalidad de los bienes que la sociedad requiere, la masa de energía psicofísica colectiva se aplica mediante el empleo de métodos especiales, instrumentos y máquinas, cuyo grado medio de perfección, dependen del desarrollo general de la técnica productiva en dicha sociedad. Mientras más desarrollada esté, mayor será el número de las ramas industriales mecanizadas y más intensa su mecanización.

c) Este trabajo abstracto social, materializado en los bienes, es el que los convierte en valore, y cada bien tendrá un valor cuya magnitud estará determinada por la cantidad de dicho trabajo corporizada en él.

d) La fuerza de trabajo de la sociedad entera no cuenta, pues, sino como una fuerza única, aun cuando se componga de innumerables fuerzas individuales.

e) La fuerza de trabajo de cada uno de los individuos económicamente activos existentes en el seno de la sociedad, es una unidad de la fuerza de trabajo social y, como creadora de valor, es igual a cualesquiera otras de las que integran esta última; en la medida- advierte Marx- en que “ posee el carácter de una fuerza social media y funciona como tal, es decir, emplea en la producción de una mercancía el tiempo de trabajo socialmente necesario”

f) Debe considerarse como tiempo de trabajo socialmente necesario, el tiempo que tarda funcionando en la producción de no importa qué mercancía, la unidad de fuerza de trabajo social que actúa “con el grado medio de habilidad e intensidad y en las condiciones normales de producción” Toda problemática del valor constituye una consecuencia teórica, con las reconocidas especificidades cuantitativas del caso, del fetichismo y el trabajo abstracto, los que a su vez desempeñan un papel central en la explicación de Marx, en tanto núcleo cualitativo en la teoría del valor.

El valor expresa aquella relación social entre seres humanos que se encuentra cosificada. La relación social de valor aparece, en la realidad y en la conciencia, como propiedades y una característica inherente a las cosas mismas.

Por ello, las críticas neoclásicas solo bordean tangencialmente el problema de fondo que plantea la teoría del valor sin poder dar cuenta de su núcleo fundamental.

Criticando la perspectiva cuantitavista, Marx polemiza con Ricardo, y a través de él con toda la economía política en la que se basó Engels, diciendo: “ Y esta falsa concepción del dinero en Ricardo obedece a que él solo se fija en la determinación cuantitativa del valor de cambio, o sea en el hecho de que equivale a una determinación cualitativa, a saber, la circunstancia de que el trabajo individual, por medio de la enajenación (alineación), tiene que representarse necesariamente como un trabajo social abstracto, como un trabajo social (Marx, C.1973).

Marx (1867) abordó estos elementos relacionados con el valor, haciendo énfasis en el proceso de la valorización9, que no es más que el mismo proceso de creación de valor prolongado a partir de un punto determinado, o sea, a partir del momento en que en el proceso de producción se recupera el capital invertido por el capitalista en la contratación de fuerza de trabajo y se comienza a crear por ésta un valor superior al anticipado por el capitalista, que es a lo que se denomina plusvalor o plusvalía.

A partir del análisis de la teoría valor trabajo, la autora coincide con Sánchez, cuando plantea que el momento de negociar conocimientos para el desarrollo de un nuevo producto y más aun la posibilidad de un producto nuevo y la realización del mercado futuro. (Sánchez; R. 2005).
La teoría del valor ha continuado siendo un objetivo para los economistas teóricos en la contemporaneidad, tanto marxistas como no marxistas. Este es el caso de Zamora (1959)10, que hace reflexiones tomando dos puntos de análisis: los criterios de Marx y los de los clásicos burgueses anteriores y posteriores a éste. En la figura 4, se representa una comparación sobre la concepción del valor desde la perspectiva marxista y la de los no marxistas.

Es cierto que todo se convierte en mercancía en el capitalismo, los valores espirituales también, esto es criticable, pero responde a la lógica interna del capitalismo, por tanto, sólo es superable con la revolución social, e incluso, después de iniciada la revolución social, la contradicción “ quien vence a quien” se sigue manifestando mediante la ley del valor en ese plano. En nuestra propia sociedad cubana que nos honra vivir, sucede.

Cada sociedad tienen su propio sistema de leyes y el valor de uso se somete también a ese sistema de leyes. El valor de uso de la fuerza de trabajo no es el mismo en regímenes sociales diferentes. Y ello es válido también para los medios de producción y los medios de consumo. Con el mismo derecho que tuvo Marx para plantear que el valor de uso de la fuerza de trabajo en el capitalismo es crear plusvalía, se puede plantear también que el valor de uso de los medios de producción es funcionar como capital constante; mientras que el consumo de valores de uso de la clase obrera es consumo improductivo para los obreros, pero consumo productivo para la clase capitalista. La forma más respetuosa y científica de conservarse fiel al legado de Marx o de todo lo mejor de la cultura universal, es continuar desarrollando la ciencia y la cultura universal.

Para una primera aproximación al tema de la economía del conocimiento desde una perspectiva de la teoría valor trabajo marxista se hace necesario realizar dos aclaraciones metodológicas.

En primer lugar; para Marx el valor de las mercancías está determinado por el trabajo abstracto (indistinto, indiferenciado) y la magnitud del valor por la cantidad de trabajo socialmente necesario para la producción de una determinada mercancía. El trabajo humano creador de valor puede ser trabajo simple que es el empleo de esa fuerza de trabajo que todo hombre común y corriente, por término medio posee en su organismo corpóreo, sin necesidad de una especial educación y trabajo complejo “que no es más que el trabajo simple potenciado o mejor dicho, multiplicado por donde una pequeña cantidad de trabajo complejo, puede equivaler a una cantidad grande de trabajo simple11. Desde nuestro punto de vista, el conocimiento, como resultado del proceso científico es trabajo complejo, o sea en palabras de Marx trabajo simple potenciado que se incorpora al proceso de producción, de servicios y al propio conocimiento, incorporando un elevado nivel de productividad y por consiguiente de competitividad a las producciones. Este conocimiento incorporado puede y de hecho genera innovación al producto y también genera nuevas tecnologías y nuevos conocimientos. Resulta que el trabajo intelectual,como trabajo complejo es creador de valor. En segundo lugar; el trabajo es la sustancia del valor, pero el trabajo en si mismo no tiene valor, el trabajo crea valor (Sánchez ,R.2005).

En forma de resumen podemos decir que el valor expresa, en la connotación a que nos referimos primero, un rendimiento de carácter psicológico, la sola estimación que cada individuo hace de las cosas y mediante la cual las clasifica según la importancia que les atribuye. Si el valor fuera simplemente una apreciación personal de la utilidad comparativa de los bienes, si no se objetivara de algún modo, no saldría jamás del fuego interno de cada sujeto, ni sería materia de comparaciones y medidas; ni muchos menos adquiriría una existencia social que se impone al individuo y que no depende ni de su mente ni de su voluntad. Precisamente porque el valor tiene esa objetividad social, puede servir como base de las relaciones entre los productores, a las cuales se debe que las actividades económicas particulares se ajusten y armonicen, como antes se vio, en el proceso económico general.

2- Relación entre el proceso de creación de valor y el Capital Humano

La existencia humana surge de su propia naturaleza contradictoria, en la que se expresa la determinada correlación existente en cada momento entre los deseos de los hombres y sus realizaciones, las aspiraciones de su vida y sus correspondientes materializaciones, los fines que orientan su conducta y el grado de plasmación y satisfacción de los mismos, sus intereses personales y las condiciones que le ofrecen los demás hombres y la sociedad para su ejecución.

Lo nuevo de la llamada “sociedad del conocimiento” consiste en que aceleró la velocidad de su difusión y su alcance global a través de cultura, clases y geografía hasta llegar a una expansión y dominio global nunca antes visto.

Bajo estas nuevas condiciones, las teorías económicas convencionales que imperaban en el siglo XIX y XX, que incluye a los clásicos, a los neoclásicos y a los keynesianos, no se ajustan a las demandas y exigencias del alcance y dinámica en la producción de los conocimientos. El recurso económico básico, ya no es el capital, ni son los recursos naturales de la tierra, es el conocimiento. En este contexto las tradicionales ventajas comparativas en el comercio internacional, son sustituidas por las ventajas comparativas, reservando un uso exclusivo del conocimiento como factor de la competencia.

El rol de los recursos humanos en la Economía Mundial se hace cada vez más intenso, las personas forman parte de las riquezas de las naciones y esto se debe a que midiendo lo que el capital humano crea a la producción, se observa un aporte significativo de la capacidad humana a la misma. En ese sentido el objetivo del presente capítulo Analizar desde el punto de vista marxista leninista la relación que existe entre el proceso de creación del valor y el capital humano.

Antes que los neoclásicos hablaron de Capital Humano. El concepto Capital Humano, pasó a referirse como adjetivo calificativo de una acción y para reafirmar lo dicho tenemos que “ Capital” procede del latín “ CAPUT”, que significa cabeza humana, su psiquis y sus valores fundamentales, aunque deberíamos añadir otros aspectos no menos importantes físicos y biológicos. Es todo instrumento o bien material destinado a la producción de nuevas riquezas. Es el resultado de la acción del hombre sobre la naturaleza y no debe confundirse con los bienes que se producen para el consumo directo del individuo, que constituyen capital.

Hoy en día las empresas y los países consideran el capital humano como una inversión y deben enfrentar varios cambios en su dinámica que influyen en su accionar. Por eso es que la nueva cultura organizacional demanda que las personas estén predispuestas al cambio, que cada factor que participe en el proceso de producción debe trabajar donde se realiza el tratamiento de recurso humano como capital humano. La inversión en las personas es buscar la mejor manera de sacar sus atributos y capacidades buscando la productividad basada en la creación, difusión y utilización del saber. La teoría de capital intelectual visualiza a los empleados como activos que deben ser valorizados de la misma manera que las facilidades físicas, las computadoras y los inventarios. Según Shultz12, toda organización que incorpore está nueva visión de los recursos humanos podrá beneficiarse de dos maneras:

1- Una inversión apropiada en capital intelectual produce un incremento estable en la productividad.
2- La inversión en el capital intelectual se relaciona con la calidad de vida de todos los ciudadanos, y esto incluye la calidad de vida en el trabajo, que en gran medida es una función de la calidad de vida en la sociedad.

El Capital Intelectual está compuesto por el Capital Humano entre otros, pero es este es el factor clave para el desarrollo de los mismos. El capital humano es el conocimiento útil para la empresa que poseen las personas y equipos de la misma, así como su capacidad para regenerarlo; es decir, su capacidad de aprender. Este es la base de la generación de los otros tipos de Capital Intelectual.

Tabla 1. Evolución teórica sobre las definiciones de Capital Humano

Si existe o no un concepto nuevo de capital humano a partir de la era del conocimiento es una polémica, ya que se considera que a medida que entramos más en el desarrollo del conocimiento y la tecnología, el concepto de capital humano se va haciendo mucho más amplio y complejo, ya sea porque puede convertirse en un concepto vinculado al poder y cuando hablamos de poder nos referimos al poder como capacidad de dominación. Es la necesidad de sentir la dominación del otro aunque sea mísera y diminuta en vez de sentir la capacidad de poder asociado a los inmensamente mayores logros colectivos. La principal característica es que uno de los conceptos implican “logros exclusivamente personales” sean grandes o pequeños mientras que los otros son resultados claramente compartidos. La novedad que queda cada vez más a la luz al avanzar en el mundo los nuevos paradigmas de la sociedad del conocimiento, es que el éxito se logra en un proceso sistemático de aportes colectivos. La humanidad logra conocer en base al imprescindible aporte de las millones de neuronas de todos los hombres desde las cavernas hasta hoy.

Sobre el Capital también se han dado otras definiciones de carácter jurídico y contable, por su naturaleza, el capital es un bien económico:

– Bien indirecto, porque no está destinado directamente a ser consumido (no obstante, como bien mismo puede ser directamente consumible).
– Bien intermediario, porque interviene en la producción de otros bienes, “ todo capital es un instrumento de producción”
– Bien duradero, porque es conservación o simplemente con la intención de obtener de él una renta futura.
– Bien transformable, a veces, incluso, físicamente, y siempre económicamente. Se dice que es transformable, en este último sentido, cuando aun sin sufrir ninguna alteración física asegura la obtención de un servicio o de una renta futuros a cambio de un servicio inmediato.

Duradero o no, el bien de consumo es un bien no sólo inmediatamente consumible, sino también inmediatamente consumido dentro del límite de los servicios inmediatos que proporciona. Un bien de consumo duradero, puesto en reserva, se convierte en capital, en un sentido amplio. Un bien capital, en efecto, implica la existencia de un período de tiempo inherente al proceso de producción de bienes físicos, al cual está a veces asociado, o a un proceso de producción de bienes físicos, al cual es indisociable.

Dentro de las riquezas del hombre está su cultura con la que el hombre añade valor. Aquello que la persona aporta al realizar cualquier actividad profesional añade mejoras, mayor aprecio y atención, que redunda en un beneficio para cualquier otra persona, usuario y/o propia organización según sus modos de pensar, creer y hacer cosas en el sistema, basado en sus valores, creencias, principios de actuación que sustentan la cultura de la organización. Describen el modo en que nos proponemos a operar día a día teniendo como referencia clara en lo que creemos, no lo que cree la organización.

El hombre necesita de sus propias energías físicas y mentales para utilizar sus riquezas, matizada por muchos otros factores que aparecen en la imagen, pero sobre todo mediante su actividad, su acción, sus relaciones sociales y/o de producción.

Según los economistas de la teoría marxista en alguna enunciación a la teoría valor-trabajo, que los seres humanos son generadores de valor o riqueza. Lo que no se había conocido hasta después de la época de los 90 que las personas podían invertir en sí mismas y que cuan grande puede ser este generador de capital.

Cuando convertimos a los seres humanos en riquezas estamos aumentando la vía de inversión, aunque muchos todavía piensan que haciendo esto el hombre se convierte en sujeto de apropiación o componente material.

Todo esto ha derivado un nuevo concepto de riqueza. Ya no es suficiente la obtención de utilidades (patrimonialismo), la sola productividad (eficacia) o la competitividad (diferenciación), sino que es imperativo la generación de valor. Hay, más que nunca, la problemática del valor condiciona la riqueza misma. Ya no se entiende valor desde una sola perspectiva sino que implica la interacción de diferentes intereses .

La socialización de conocimientos, debería ser una característica de la revolución actual de la Informática y las Comunicaciones en el mundo, y que aplicado en la empresa llevaría efectivamente a nuevos principios y métodos de dirección revolucionarios, pero se sabe que no es así. En nuestra sociedad, es un camino imprescindible a recorrer. De ello habló Marx, o mejor intuyó todas las posibilidades, cuando denominó la necesaria transmisión de habilidades y conocimientos de un trabajador a otro.

Es necesario que el conocimiento tenga aplicación, se revierta en la creatividad, innovación, iniciativas, acciones relacionadas con las decisiones globales de la Organización, con el Comportamiento y Cambio Organizacional, con la Información y la Comunicación; conocimiento no es actuación automática, como comprensión no es actuación.

(Belamic Alhama R.2005) nos dice acerca del “ Capital Humano” que no puede ser nunca sólo conocimientos o recursos intelectuales y la valoración de éstos a precio de mercado, sería como simplificar la personalidad del individuo a lo mensurable.

El Capital Humano constituye actualmente uno de los factores determinantes para la obtención de valor agregado. Este valor se potencia cuando el conocimiento se coloca en función del logro de los objetivos de la organización. El Capital Humano depende en gran medida de la capacidad de las organizaciones para desarrollar y aprovechar el conocimiento.
“El conocimiento tiene un gran valor, porque los seres humanos crean a partir de él, nuevas ideas, visiones e interpretaciones que aplican directamente al uso de la información y la toma de decisiones”( Vendrell. s/f)

La teoría del capital humano distingue dos formas posibles de formación: La formación general, adquirida en el sistema educativo, formativo. Su transferibilidad y su compra al trabajador explica el que esté financiada por este último, ya que puede hacerla valer sobre el conjunto de mercado de trabajo.

Por su parte, la firma no está, en modo alguno, impedida en sufragar los costes de formación de un empresa dispuesta a mejorar la renumeración, lo que podría incitar a abandonar la firma. Para evitar esto, la financiación de la actividad toma la forma de una renumeración más fiable (que su productividad marginal).

La formación específica: Adquirida en el seno de una unidad de productividad o de servicio, permite desarrollar al trabajador de su productividad dentro de la empresa, pero nada, o bien poco, fuera de ésta. En este caso, la financiación se asegura al mismo tiempo por la firma y por el trabajador. Durante el período de formación, el salario recibido por el trabajador es inferior al que hubiera podido recibir fuera de la empresa. Esta experiencia se valora por su contribución a la formación específica, pero permanece superior a su productividad en valor, libre de los costes económicos de la formación.

Los economistas se han dedicado a tratar de entender al capital, y algunos de ellos se han acercado al notar el importante papel que al respecto tienen las decisiones que toman sus sueños. Este carácter “subjetivo” lo pone más cerca de un concepto de la psicología que de la economía convencional. Lo importante, sin embargo, es reconocer su carácter de “ahorro de tiempo” futuro.

La cultura y los conocimientos se acumulan, se filtran, se procesan, se seleccionan, y cada generación anterior. El “paquete” heredado y transmitido de una generación a la siguiente es el “capital humano” (Blas, P. s/f)

Si cada generación tuviera que descubrir, comenzando en cero, todos los conocimientos que le son útiles, nunca llegaría a ser más que un pequeño grupo de simios lampiños. Los animales aprenden por el limitado conocimiento que pueden empíricamente obtener durante su corta vida y lo poco que es factible que aprenden de la emulación de la conducta observada en otros miembros de su especie.

Esta dimensión desconocida del capital está apenas siendo integrada a la teoría económica. Muchos instruyen que en la educación se encuentran una “inversión” parecida a invertir en un buen negocio con demasiado linismo tal vez, hay quienes creen que a mayor educación, mayor progreso y bienestar, lo que aisladamente no es cierto.

La aplicación de la teoría económica a la estructura del capital humano puede iluminar la discusión que en materia educativa debe hacerse. El insigne Alfred Marshall, en sus Principios de Economía, enunció: “El Capital más valioso de todos es el que se ha invertido en los seres humanos”

La inversión en el individuo, meno animal del género humano, es la que lo hace verdaderamente una persona. La diferencia de ingreso que persigue el dueño de un animal y su uso, y el salario de un trabajador que labora con las manos y simplemente aplica su “fuerza de trabajo” a abrir una zanja, o mover sacos de azúcar en el puerto, no es muy grande, si acaso existe. Lo que explica por qué un electricista con experiencia gana más que uno sin ella, y lo que explica por qué un neurocirujano gana mucho más que un bachiller industrial, o una secretaria, o un joven mal educado, no es simplemente” la productividad marginal del trabajo (Schultz, T.W 1960).

Lo que hace que la brecha de ingresos se haga más grande entre el que simplemente hace “ trabajo”, y el que posee “ capital humano” y lo combina con su trabajo, y por supuesto con el capital físico, es el rendimiento del capital humano invertido”. Ahí es donde se encuentran las justificaciones a “invertir” en educación y en experiencia.

Si los bienes relacionados con los conocimientos útiles son valiosos para las personas, y si éstas dispuestas a prescindir de algo valioso para obtenerlos o adquirirlos, sin duda el mercado genera que compiten entre sí para obtener tales bienes, y en la medida en que haya muchas otras compitiendo por ofrecerlos, en esa medida el sistema de información será más eficiente, pues los precios contendrán los juicios de valor- la información sobre la utilidad y escasez relativa alrededor de las circunstancias que rodean a cada participante del proceso- demás información y conocimientos útiles dispersos.

En todo caso, no es el hecho de si son bienes valiosos y deseables lo que está en juicio, ni si la gente está dispuesta a pagar por ellos- a invertir en el capital humano- sino el sistema para su asignación. No es el valor económico del conocimiento útil lo que se disputa, sino la forma en que la sociedad decide sobre este. A estas alturas del siglo XXI y del avance de las ciencias sociales, hoy es fácil concluir que los bienes económicos se asignen mejor en el sistema económico, y no en el sistema político. Nadie niega que el sistema burocrático pueda funcionar, lo que se ha demostrado es que no es tan eficaz tan economizador- como lo es el mercado.

Fue Adam-Smith, hace ya más de 200 años, quien escribió: “ El gobernante que intentase dirigir a los particulares en cuanto a la forma de emplear sus capitales incluyendo la dimensión desconocida del capital humano con el perdón del Sr. Smith, no sólo echaría sobre sí la responsabilidad más innecesaria, sino que se arrogaría una autoridad que no es prudente confiar ni siquiera a Consejo o Senado alguno; autoridad que en ningún lugar sería tan peligrosa como en las manos de un hombre con la locura y presunción bastante para imaginarse capaz de ejercerla.

El Capital Humano tiene similares alcances. Su extensión sobre una comunidad es amplia, pues los conocimientos útiles son generados por personas, son demandados por todas las personas, utilizados por todas las personas, valoradas por todos, e igualmente transmitidos e intercambiados. El Capital humano es la cultura, la civilización, los conocimientos útiles que están en un flux permanente, siendo canalizados por todos en búsqueda de la prosperidad. La persona que posee capital humano se ha convertido en un buen capital, pero no es capital en sí. No obstante, lo que sucede en el mercado de capital humano afecta a todas las personas, sin excepción.

Quien tiene el poder para intervenirlo, tiene poder sobre toda la gente y su prosperidad, pero de forma más extensa, no hay hogar, familia, que por muchas generaciones, no sea afectada por lo que ocurre en el mercado del capital humano.

El conocimiento entendido como aquel trabajo complejo que se cristaliza en un determinado producto tangible no tiene valor, ni tampoco precio, como no lo tiene el trabajo. Por eso al hacer referencia a lo que hoy denominamos economía del conocimiento, sería más exacto expresar que el conocimiento crea valor y lo incorpora al producto, pero ese conocimiento, en si mismo no tiene valor. La discusión por consiguiente se concentra cuando el producto que se vende es conocimiento.

Resulta que en el momento de negociar conocimientos, la producción que se vende como mercancía es el conocimiento, aquí el conocimiento aparece como producto final (patentes), De esta forma, la venta del producto-conocimiento, es una mercancía y ese producto tiene un valor y también un precio que es resultado del trabajo complejo. Estudiar el estado del arte a partir de la evolución de las principales escuelas de pensamiento económico nos ha permitido analizar a través de los principales acontecimientos ocurridos en los diferentes períodos enmarcados, el desarrollo de la teoría valor- trabajo, obteniéndose resultados que aportan un nivel de desarrollo desde el punto de vista conceptual, docente y metodológico en la ciencias económicas a tener en cuenta y sintetizar e inducir y deducir criterios de prestigiosos especialistas siendo presentados de forma lógica y coherente a través del recorrido por la historia.

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Lic: Yileivys Cruz Suárez

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