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Desarrollo de acciones formativas y liderazgo no verbal

Liderar con la conducta no verbal (CNV) significa controlar todos aquellos aspectos que Mínguez Vela (1999) llama “la otra comunicación”, el lenguaje no verbal, y que resultan de gran importancia a aquellas personas cuyo status profesional supone relaciones de comunicación interpersonal en las que actúan en partes iguales mente y cuerpo, siendo el desarrollo de acciones formativas uno de los ejemplos más claros de estas situaciones.

Hacia una exitosa puesta en escena

El éxito de una puesta en escena se reafirma en la efectividad de la transmisión y comprensión del mensaje del emisor hacia los receptores o interlocutores posibles. La madurez de las investigaciones en torno a temas de categoría “quasicientífica”, en cuanto a estudio y análisis de las competencias personales y el manejo de las emociones, han abierto muchas posibilidades en el campo de las ciencias humanas y de la educación.

¿Podemos, entonces, educar las emociones? ¿Es posible el entrenamiento sistemático en las áreas de desarrollo individual e interpersonal? ¿Existen las competencias sociales?

La Inteligencia Emocional y el manejo de las relaciones interpersonales, según las teorías planteadas por Goleman (1996, 1998) (1) afianzan el cuerpo teórico de la importancia del control de intangibles, tales como la autoestima, la comunicación (conducta verbal/no verbal), la empatía o el propio desarrollo de los demás que conforman la asertividad personal y la necesidad de comportarnos como seres capaces de controlar y modificar, en la medida en que sea necesario, nuestras conductas sociales.

El mundo de los recursos humanos y el desarrollo de personas, en cuanto al ámbito laboral de las empresas, tiene cada vez más necesidad de nutrirse de estas tendencias que arrojan luz para una integración de todas las dimensiones del clima sociolaboral y de las organizaciones.

Liderar con la conducta no verbal (CNV) significa controlar todos aquellos aspectos que Mínguez Vela (1999) llama “la otra comunicación”, el lenguaje no verbal, y que resultan de gran importancia a aquellas personas cuyo status profesional supone relaciones de comunicación interpersonal en las que actúan en partes iguales mente y cuerpo, siendo el desarrollo de acciones formativas uno de los ejemplos más claros de estas situaciones.

Liderar con la CNV: el estilo docente en formación

Los estilos de liderazgo, estudiados y desarrollados en diferentes análisis y estudios científicos, nos revelan variadas perspectivas, dependiendo del punto de vista de la disciplina por la que han sido analizados. Las actitudes del emisor con status de control y predisposición sobre el grupo de personas que siguen las iniciativas de éste, pueden variar dependiendo de la situación y sobre todo de los objetivos de dirección y tarea que éste se proponga en un momento determinado.

El lenguaje del cuerpo es una esfera que muchas personas han utilizado para establecer en cada momento unas pautas de actuación o una línea a seguir en determinados escenarios, sean cotidianos, laborales o sociales.

La progresión de conductas y un entrenamiento adecuado pueden conseguir que nos sintamos mucho más seguros de nosotros mismos ante situaciones para las que hemos sido entrenados, e incluso generar mecanismos de naturaleza no verbal en momentos imprevistos que comuniquen a nuestros interlocutores aquello que queremos transmitirles.

Variables de la comunicación no verbal en el desarrollo de acciones formativas

“El éxito en la comunicación depende del funcionamiento correcto y adecuado de todos los componentes del sistema de comunicación (…) Partimos de la convicción de que hacerse entender por un número pequeño o elevado de personas, es un arte que pude aprenderse. En la medida en que se conocen y se ponen en práctica una serie de recursos por parte del emisor, en este caso el monitor, se favorecerá la transmisión del mensaje y su correcta asimilación por parte de los receptores” (Marín, M. A. 1993).(2)

Ciertamente, hablar ante un grupo de personas con naturalidad y soltura no es fácil. No es suficiente emplear los términos y recursos del lenguaje coloquial, sino que es necesario utilizar una serie de estrategias que refuerzan y complementan nuestro discurso, al mismo tiempo que atraen y mantienen la atención de los interlocutores.

Al mismo tiempo, el control de estas estrategias puede ayudarnos a controlar ese pánico a hablar en público o miedo escénico que muchas veces es difícil disimular; nos tiembla la voz, no sabemos dónde poner las manos, movimientos torpes del cuerpo (brazos y piernas), afonía, palidez, sequedad en la boca y en la garganta, se obnubila la mente… son síntomas que unas veces más y otras menos podremos controlar teniendo en cuenta los elementos que influyen en el proceso de comunicación, no sólo los referidos al lenguaje verbal sino a la ya nombrada comunicación no verbal.

Siguiendo a Gómez Jacinto, L y Canto Ortiz, J. M. (1995)(3) el lenguaje o conducta no verbal puede ejercer diferentes funciones desde el punto de vista social. Por un lado, y a través de estas conductas no verbales, se puede dar una función de afiliación, entendida esta afiliación como la expresión del afecto. Así, el lenguaje no verbal provee mucha información acerca del estado anímico del docente: alegría, cólera…; ahora bien, esta función de afiliación puede tomar un carácter positivo –afiliación positiva– (incremento de la proximidad), dirigiendo la mirada de un modo más frecuente, manteniendo el contacto ocular más prolongado, contacto físico, posturas abiertas… o también una afiliación negativa a través de un distanciamiento físico, posturas cerradas, miradas intimidatorias, etc.

Por otro lado, con la conducta o comunicación no verbal se puede desarrollar unafunción de control consistente en “hacer sentir la influencia de unos sobre otros, con el fin de modificar su conducta”. Desde esta perspectiva, la función social de control del lenguaje no verbal se manifiesta a través del status, el poder y el dominio sobre los demás; todo ello con nuestras miradas, el contacto físico que mantengamos, el poder persuasivo de este lenguaje, el control que podamos ejercer con la retroalimentación y el refuerzo, con el engaño (por ejemplo, se dice que el tono de voz de una persona suele aumentar con el engaño), etc.

La conducta o lenguaje no verbal se puede clasificar en:

Kinesia“estudio de la postura y movimiento corporales, de la conducta táctil, de efecto de la apariencia física, vestimenta, artefactos, así como de los gestos y expresiones y de la conducta visual.” (p. 314).

Paralenguaje: todo aquello que acompaña al lenguaje, como el tono de voz, la vocalización, la entonación en el discurso, hablar pausado o deprisa según el momento, …

Proxémica: la distancia o espacio personal, la conducta territorial humana, es decir, el espacio físico de cada persona.

Una vez conceptualizado el término y realizadas las clasificaciones pertinentes, es de suma importancia conocer cuáles son las variables a tener en cuenta para que podamos llegar a controlarlas, por lo que las analizamos a continuación:

La mirada: mantener el contacto ocular con el auditorio ha de ser la base en el proceso de comunicación. Ciertamente, el contacto visual se establece antes que el contacto auditivo ya que, por ejemplo, tan sólo con nuestra vestimenta ya estamos dando información válida a nuestro auditorio. Por tanto, ante un grupo, grande o pequeño, hemos de procurar mantener el contacto ocular, tanto al empezar a hablar como a lo largo de la sesión formativa. Hemos de asegurarnos que al menos hemos mirado a todos los alumnos/as una vez y realizar barridos lentos con la mirada hacia todo el grupo. Todo ello nos va a servir para intercambiar impresiones con nuestros alumnos, comprobar a través de los gestos y miradas si se está captando el mensaje, localizar impresiones desconcertantes, evitar la pérdida de atención sobre el/los objetivo/s de aprendizaje. Tener durante mucho tiempo la mirada perdida o mirando hacia el suelo o hacia el techo son conductas no verbales que pueden perturbar el proceso de comunicación, ya que se va a perder el necesario contacto ocular docente-discentes y pueden generarse situaciones de desconcierto y disminución del liderazgo docente (credibilidad) ocasionando una consecuente pérdida de control del grupo.

La postura que adoptemos frente a nuestro auditorio ha de ir en concordancia con nuestro discurso, es decir, hemos de procurar adoptar una postura que se ajuste a las circunstancias, al contexto del aula, a las características de nuestros alumnos/as, en definitiva, la postura que el docente tome en el aula va a depender en gran medida del clima de aprendizaje que se haya generado (o se quiera generar). En general, esta postura debe ser natural, en tanto y en cuanto el docente ha de estar cómodo, sin posturas que causen tensión… variable, en el sentido de no mantener siempre la misma posición que puede llevar a aburrimiento, distracción, etc. (por ejemplo estar sentado detrás de una mesa durante toda nuestra intervención puede resultar monótono o puede indicar una falta de apertura hacia el grupo, inflexibilidad, etcétera); y de respeto con el grupo, no perdiendo de vista que se es el docente, aunque se haya generado un clima de cordialidad.

Los gestos, acompañan a la expresión verbal. En nuestro discurso y frente a un grupo de personas nos expresamos con todo nuestro cuerpo, aunque fundamentalmente con las manos, rostro, brazos, cabeza y hombros.

Los gestos deben ser, por un lado, visibles, que puedan ser vistos por todo el auditorio;abiertos, que todo el grupo pueda captar el sentido de éstos, y sobre todo selectivos,porque tanto un exceso como un defecto en la gesticulación pueden perturbar el mensaje y su sentido comunicativo.

La motivación se consigue, como hemos indicado en todos los apartados anteriores, con una contextualización del tema, una variación de estímulos a lo largo de la exposición y una clara presentación de objetivos correctamente formulados.

Por su puesto que el control de todos los elementos del lenguaje verbal y no verbal nos facilitará el proceso de motivación de nuestros alumnos.

El control de todos estos elementos y su manejo y entrenamiento nos facilitarán la posibilidad de mantener un estilo docente más relajado, lo que perfilará al docente de una imagen con dotes de liderazgo y credibilidad frente al grupo.

Notas, fuentes y recursos
1) Goleman, D. (1998). La Inteligencia emocional aplicada a la empresa. Editorial Kairos. Barcelona.
(2) En Cabrera, F., Donoso, T., Marín, M. A. (1993). Manual de formación básica para formadores. PPU. Barcelona (p.112).
(3) Gómez Jacinto, L y Canto Ortíz, J. M.1995. Psicología social. Biblioteca Eudema. Madrid.

Francisco José García Aguilera (Grupo Epes)

Licenciado en Pedagogía por la Universidad de Málaga (España) con estudios en la Universidad degli Studi di Verona (Italia), así como Experto Universitario en Formación de Formadores por la UNED. Trabaja como Asesor Pedagógico del Centro de Formación e Investigación de la Empresa Pública de Emergencias Sanitarias.

fgarcia207arrobahotmail.com

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