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E-learning en España: hablemos de contenidos

La contribución de la calidad didáctica de los cursos on line a la necesaria materialización del aprendizaje en los usuarios de e-learning, y aun a la deseable familiarización de los usuarios con el método, viene mereciendo nuestra atención desde hace tiempo; seguramente porque empezamos a dedicarnos en 1987 al diseño de lo que entonces se denominaba Enseñanza Asistida por Ordenador (EAO)

Pero acabamos de leer un libro (editado por la Asociación Española de Directores de Personal, AEDIPE, y patrocinado por FYCSA, empresa proveedora de e-learning) que proporciona interesantes opiniones sobre la calidad de los contenidos. Aunque el libro relata, de modo general, algunas experiencias de implantación del método en España, hemos observado que, al hablar concretamente de contenidos, emergen inquietudes distintas.

El lector puede encontrar en esta iniciativa de AEDIPE (“e-Learning: las mejores prácticas en España”, título que, al parecer, inaugura su Biblioteca de Recursos Humanos) valiosas manifestaciones que dibujan el panorama neosecular del aprendizaje permanente en las empresas; pero efectivamente también hemos encontrado formulaciones, referidas específicamente al tema de contenidos dentro del e-learning, que tal vez contribuyan a alimentar una edificante contrastación de opiniones.

En el prólogo, Carlos Pelegrín (coordinador del libro y Director de Formación de Telefónica) nos ofrece ya su propio punto de vista: “Lo cierto es que los mejores resultados pueden alcanzarse con contenidos de calidad media, al tiempo que los contenidos excelentes no garantizan absolutamente nada, incluso pueden conducir al fracaso”.

La frase se refiere a la “formación en la red”, pero se diría que únicamente al aspecto audiovisual formal de los contenidos; no creemos que Pelegrín decidiera preterir la carga didáctica de los mismos, aunque, examinado el contexto, no parece referirse a ella al hacer esta inicial y contundente alusión a la calidad.

No obstante, sólo unas páginas después, en su introducción del libro, José Ignacio Díez Martínez, Consejero Delegado de FYCSA, insiste: “Los contenidos han sido magnificados durante estos tres o cuatro años pasados, sin que se entienda muy bien la razón. Es obvio que cuanto más atractivos sean y mejor se hayan desarrollado pedagógicamente, mayor será su aceptación por los alumnos; pero no está claro que ésta sea la clave del autoestudio”. Y continúa: “Por tanto, los contenidos, en sus diversas formas, son necesarios (…) pero son sólo una parte, quizá no la más significativa del éxito”. Parece que el patrocinador del libro tampoco apuesta por una excelente calidad didáctica de los contenidos, y lo justifica: “Quien más y quien menos se ha visto obligado a adquirir conocimientos complejos con medios precarios.

Recordemos la universidad (…) con las fotocopias de los apuntes del más estudioso de la clase: contenidos más precarios, imposible”. Uno creía que los contenidos eran tan (o incluso más) significativos o trascendentales en la formación on line como en la presencial, pero Díez debe pronunciarse con sólidos fundamentos. Por ejemplo, parece conocer bien el mercado de e-learning en Estados Unidos, y hablando del mismo señala: “…allí están reenfocando su modelo, transitando de un esquema de puro autoestudio (…) a otro más parecido al nuestro…”.

En sus primeras líneas, su Consejero Delegado declara que el Grupo FYCSA ha querido patrocinar este libro, entre otras razones, para que el lector “aprenda de las experiencias de otras empresas y pueda tomar decisiones de futuro con más elementos de juicio”: una especie de saludable benchmarking parece que nos sugiere.

Y ya en la parte final de su introducción, sostiene que “el éxito de la formación on-line radica en su mayor medida en la elección de la metodología de aprendizaje y, complementariamente, en los elementos motivacionales, tales como la involucración de los mandos o la vinculación de la oferta formativa a las necesidades reales de los alumnos”. No parece especificar a qué se refiere al hablar de metodología dentro de la propia formación on line, ni quizá se refiere a lo mismo cuando habla de “oferta formativa” y cuando habla de “contenidos”; pero sí nos aclara su visión del “éxito”.

Aludiendo a un estudio realizado por FYCSA entre diferentes empresas (seguramente clientes), dice: “Es relevante destacar que en los casos con éxito, considerando como tal alcanzar un end rate mayor del 75 %, (…) siendo en unos casos el factor de éxito principal la motivación de las personas…”. Díez termina recomendando al lector que dosifique bien su esfuerzo inversor en contenidos.

Al hilo de la incuestionable importancia de la motivación o estímulo de los participantes en programas de e-learning, cabe señalar la iniciativa de que habla Antonio Peñalver, del Santander Central Hispano: “un sistema de e-puntos que se conceden al terminar con éxito cada curso y que pueden canjearse periódicamente por diferentes tipos de obsequios”. Seguramente el SCH desarrolló esta idea para acelerar la familiarización de sus personas con el nuevo método.

En general, los autores hablan más de motivación intrínseca que de este tipo de estímulos, pero la verdad es que también nos parece recordar que algunas otras grandes empresas utilizan (o han utilizado) sistemas de créditos: en definitiva, también puntos.

Una digresión sobre el éxito

Aunque es una palabra muy frecuentemente utilizada en el libro, no estamos seguros de que siempre se entienda lo mismo al hablar del éxito, de “terminar con éxito” y de los factores clave para el mismo. Lógicamente, depende de los objetivos específicos planteados en cada caso.

Lorenzo Peribáñez, de IBM, al señalar (pág. 197) seis factores críticos de éxito de un programa de e-learning, no incluye la motivación de los alumnos y señala en primer lugar: “Contar con un Patrocinador de suficiente nivel dentro del organigrama”. Como otros autores, Peribáñez parece referirse, sobre todo, a la implantación del método.

Entre sus factores de éxito, no se refiere explícitamente a los contenidos, pero sí habla de la eficacia del aprendizaje, reflejada en resultados del negocio.

Y José Antonio Ortego, de Oracle, que destaca la importancia de la motivación intrínseca, dice, seguramente satisfecho, que “más del 80 % de los participantes en los cursos de formación on-line completaron los cursos”, pero en seguida añade: “…el principal éxito, precisamente, fue éste, el integrar la formación on line con racionalidad dentro del modelo formativo global…”. Y, a pesar de lo anterior, acaba reconociendo que “lo más importante de todo, lo que realmente se pretende conseguir sea cual sea la metodología a seguir, es el aprendizaje, el desarrollo de nuevos conocimiento o habilidades en la organización”.

Vimos explicitado este objetivo (materialización del aprendizaje) tanto por Ortego como por otros autores, pero ciertamente parece que en el libro se habla algo más de índices de participación y de terminación de los cursos: en definitiva, de éxito en la implantación, más que de éxito en el aprendizaje. Tras este breve paréntesis digresivo dedicado al concepto de éxito, volvemos a centrarnos en el tema de contenidos.

Volvamos a los contenidos

Efectivamente, antes de acceder a la experiencia de las grandes empresas presentes en el libro, tanto el prólogo del coordinador como la introducción del patrocinador abordan ya el tema de los contenidos (quizá hablando de diferentes aspectos de los mismos) y de su contribución al “éxito”.

Pero este libro de AEDIPE nos permite acceder a otras valiosas y fundamentadas opiniones sobre todas estas cuestiones, es decir, sobre la calidad de los materiales didácticos, y su contribución al aprendizaje y a la deseable familiarización de los participantes con el nuevo método.

En general, nos ha parecido que las empresas no llegan a conclusiones plenamente coincidentes con las del patrocinador, pero cada lector extraerá las suyas.

En la página 16, Carlos Espinosa, de Aena, alude como deseable a “la mayor calidad pedagógica” de los cursos on line, y declara: “Los contenidos son desarrollados por empresas especializadas bajo la dirección de expertos internos, que modifican y validan el producto hasta su puesta a disposición final”.

En la página 28, José Antonio Ortego, de Oracle, señala que “los programas de formación on line, para que tengan éxito, deben reunir unos requisitos mínimos de calidad”. En la 58, Pedro Hernández y Julio Las Heras, de Correos y Telégrafos, sin entrar a fondo en el tema de contenidos, apuntan, empero, a sus aspectos pedagógicos como algo a tener en cuenta. Más tarde, en la página 89 (capítulo 5, dedicado a la extensa experiencia de Telefónica de España, y en el que, entre otros elementos, se destaca la importancia de los teletutores), Hortensia Mañas sostiene:

“Los mejores resultados provienen de una adecuada estrategia de implantación, y no necesariamente de una plataforma y unos contenidos”. Nos parece una conclusión muy en sintonía con lo que ya nos había dicho en el prólogo el coordinador (y Director de Formación de Telefónica): “…para que nuestra iniciativa tenga éxito debe superar la guerra de las plataformas y los contenidos, para concentrarse en los clientes, la estrategia y el servicio”.

A pesar de su lógica sintonía con Pelegrín, la autora de este capítulo alude a “contenidos pedagógicos de diseño atractivo”, a la “capacitación de profesores colaboradores para la creación de contenidos multimedia”, y al objetivo de “garantizar una elevada calidad en el nuevo entorno formativo”.

En la página 45, Iván González, de Ferrovial, evidencia su preocupación por los contenidos, y sugiere explorar el mercado antes de comprarlos porque “no siempre se cumple que los cursos más efectivos y de mayor calidad sean los más costosos”. Ángels Margarit Rius y Enric Xavier Pierá, de Endesa, nos hablan, en el capítulo 6, del Proyecto Did@ctik y señalan (página 94) que “hay tres aspectos o ejes fundamentales y necesarios para lograr la eficiencia del aprendizaje: los participantes, el diseño (del material de los cursos) y los formadores (monitores y tutores)”.

Estos directivos responsables de formación en Endesa sostienen que la excelencia en su desempeño consiste en satisfacer plenamente las expectativas, tanto de la Dirección de la empresa como de los participantes en las acciones formativas.

En la página 138, Carlos González, de Caja Madrid, nos dice que “…la tecnología es una condición necesaria (…) pero la suficiencia que puede garantizar el éxito proviene de ofrecer servicios y contenidos desde una perspectiva cliente-proveedor”.

Sobre la necesidad y la suficiencia, José Ignacio Díez, de FYCSA, había sostenido en la introducción del libro que “los contenidos y la tecnología son elementos necesarios, pero no suficientes…”, y sugerido que la suficiencia proviene de la “elección de la metodología de aprendizaje”… Quizá, al hablar de metodología de aprendizaje (dentro de la formación on line), Díez se refería a detalles sobre el material didáctico (audiovisual, interactivo…), sobre el seguimiento tutelar (reactivo, proactivo…) o sobre la combinación con métodos presenciales (blended learning), pero ya habíamos comentado que no parece especificarlo en su introducción del libro.

Volviendo a los capítulos de las empresas seleccionadas, en la página 158, Ángela Cruz, directora de Alcatel University, señala: “El contenido de los cursos es de máxima importancia para una experiencia positiva”; y poco después añade: “Los cursos on line, además de tener un buen contenido y un diseño que atraiga al usuario…”. Ángela Cruz también destaca la necesidad de la automotivación (motivación intrínseca, distinta de la extrínseca basada en créditos) en los usuarios.

Como otros autores, la directora de Alcatel University Madrid deposita en las personas la responsabilidad del aprendizaje y desarrollo profesional, pero asume que “las empresas deben facilitar medios a sus empleados que les permitan avanzar tanto en conocimiento como en habilidades…”. Alcatel parece dedicar bastante atención a los contenidos, en beneficio del desarrollo de sus personas. Y parecida, si no mayor, preocupación parece mostrar la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Los expertos de la UOC, María Teresa Arbués y Lluís Tarín, parecen considerar fundamentales los materiales didácticos, y sostienen, en la página 211: “En el contexto de la formación virtual, la creación, diseño y estructuración de los materiales y recursos didácticos son etapas de un proceso fundamental, que se ha de abordar con rigor para asegurar la calidad de los programas y la facilitación del aprendizaje”. Antes, en la página 206, ya habían dicho: “Los contenidos se diseñan al servicio de las personas que aprenden”.

El capítulo de la UOC nos pareció especialmente escrito desde la experiencia docente y discente, a cierta distancia de otros capítulos (igualmente interesantes pero quizá más orientados a las valiosas experiencias globales de implantación en empresas), en que los responsables correspondientes (mayoría de economistas) hablan de sus modelos de e-learning —a veces muy específicos, como en el caso de Renta 4 (descrito por Jonás González y Jesús Sánchez-Quiñones), en que se trata de un efectivo sistema de multiaudioconferencia—, ubicándolos, en general, en su política o sistema de desarrollo permanente de los recursos humanos.

En el último capítulo, Antonio Peñalver, del SCH, se muestra también preocupado por el aspecto pedagógico, y habla de “conseguir un aprendizaje armónico y sencillo para el usuario”. Refiriéndose a la fidelización de los usuarios, Peñalver dice: “El grado de satisfacción del usuario con la oferta formativa hace que se sienta cada vez más proclive a realizar actividades docentes…”.

Por otra parte, en nuestra lectura encontramos también numerosas referencias al aprendizaje colectivo o aprendizaje en equipo, casi siempre referidas a la utilización de campus virtuales, por cierto insuficientemente utilizados todavía, al parecer (lo señala el propio Antonio Peñalver).

Este tema del aprendizaje compartido (vinculado alguna vez en el libro a la gestión del conocimiento y también a la disciplina del mismo nombre –aprendizaje en equipo– de que nos hablaba Peter Senge hace más de diez años) parece solicitar igualmente un cierto análisis, en el que se detendrán seguramente los lectores interesados.

Análisis y conclusión

En relación con este tema de los contenidos, no podemos ni deseamos preterir los puntos de vista formulados en el prólogo —por Carlos Pelegrín— y en la introducción —por José Ignacio Díez—, pero no conseguimos conectar con el fundamento o propósito que los explican. Algunos párrafos del prólogo parecen corresponder más a un epílogo, pero incluyendo conclusiones a las que nosotros no hemos sabido llegar tras la lectura del libro. Y en la introducción, sin esperar a que las empresas seleccionadas describan sus experiencias, parece relativizarse —sin tapujos ni ambages— la contribución de la calidad de los contenidos a la materialización del aprendizaje.

Se llega incluso a pedir a las empresas que dosifiquen su inversión en contenidos, y es precisamente un proveedor de contenidos quien lo hace. Hemos buscado opiniones de otros proveedores, y no parecen coincidir con Díez; o sea que, lamentablemente, no entendemos bien esta primera parte del libro.

De todos modos, según el propio libro, las mejores prácticas se encuentran a partir del capítulo 1 y hasta el último, aunque ciertamente se reconoce que no todas las buenas prácticas de nuestro país han podido ser representadas.

Salvo que hayamos leído el libro demasiado deprisa, nos parece que los autores de los diferentes capítulos apuestan por una buena calidad de los materiales didácticos on line, haciendo también otras apuestas importantes: acertada estrategia de implantación, buena detección de necesidades mediante el análisis de competencias, estímulo y protagonismo de los participantes, seguimiento tutelar en campus virtual…

Los directivos de Aena, Oracle, Ferrovial, Endesa, Caja Madrid, Alcatel, UOC y SCH muestran muy visiblemente su preocupación por la calidad didáctica de los contenidos, y nos parece lógico que las empresas clientes de cursos on line busquen buenos productos a buen precio.

Hay que aclarar que, al hablar de calidad y a diferencia de Pelegrín (que quizá se refiere más a las formas que a los fondos), los autores parecen apuntar a su aspecto pedagógico y a su adecuación a necesidades; o sea, a su potencial como facilitadores del deseado aprendizaje, orientado a la mejora del desempeño.

De todos modos, esperamos que cada lector realice su propio análisis y obtenga provecho de las experiencias descritas.

Por otra parte, el tema abordado en este artículo-reportaje —la importancia, incuestionable o relativa, de la calidad de los contenidos, como facilitadores del aprendizaje on line— no se agota en este libro, y quizá todos podemos experimentar algo más el e-learning como usuarios, para ir consolidando nuestra opinión.

O sea: quizá sea bueno que tratemos repetidamente de aprender, vía e-learning, algo que no sepamos, o de desarrollar alguna habilidad que no poseamos. Si lo conseguimos, preguntémonos dónde ha estado la clave del éxito: en el método, en el tutor, en el contenido, en la automotivación, en el trabajo en equipo, en la estrategia de implantación… o en la idónea conjunción y sinergia de todo ello. Y preguntémonos qué puede mejorarse en mayor medida para que el resultado sea todavía más satisfactorio.

Y si no lo consiguiéramos, o sea, si no aprendiéramos gran cosa, preguntémonos también por qué: qué ha fallado.

 

Ing. José Enebral Fernández

Consultor de Management y Recursos Humanos, José Enebral Fernández, madrileño y nacido en 1951, posee una experiencia de más de 30 años en formación continua de titulados y directivos de grandes empresas, tanto mediante métodos presenciales como aplicando nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Desde 1997, publica regularmente artículos en diferentes medios impresos de su país (Capital Humano, Training & Development Digest, Harvard Deusto, Aedipe, Dirección y Progreso, Q-Calidad, etc.) y también en algunos portales de la Red”

enebralarrobainves.es

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