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Blended Learning o el peligro de trivializar el aprendizaje

Por Javier Martínez Aldanondo

Imaginemos, por un instante, que nos encontramos a mediados de la década de los años 50 del pasado siglo. Si un aficionado al fútbol quería asistir como “espectador” a un partido, no tenía más remedio que pagar su entrada y desplazarse a un estadio. Presencialidad en estado puro con toda la liturgia que ello supone, bocadillo de tortilla y puro incluídos. La radio fue la primera tecnología que permitió al menos informarse en tiempo real sobre el transcurso de los partidos para aquellos que, por múltiples razones, no podían asistir. La televisión trajo consigo una gran revolución. Hoy en día, a pesar de los diferentes intentos de “interactivizar” el medio, el televidente sigue siendo un mero espectador, pero tiene la posibilidad de acceder, desde el salón de su casa, a una cuasi infinita oferta de partidos a los que jamás tendría acceso en forma presencial. Al fin y al cabo estamos hablando de espectáculo y entretenimiento y sin el recurso de la televisión, no sólo el fútbol no sería el negocio que hoy en día es sino que nos sería imposible ser testigos de acontecimientos multitudinarios como la última final del Mundial o de la Champions League. Desde luego, ver un partido en un estadio es una experiencia muy diferente a verlo en la televisión pero ambos tienen sus ventajas e inconvenientes.

El aprendizaje sin embargo es un proceso activo, de construcción de conocimiento y no un proceso pasivo de acumulación de información. Un alumno de un buen programa educativo jamás debiera desempeñarse como espectador televisivo sino como participante, como protagonista. Al fin y al cabo, es quien debe aprender y por tanto quien debe hacer el esfuerzo.

Hace ya tiempo que la palabra Blended se pasea por los foros de opinión, presentaciones y artículos como sinónimo de la nueva propuesta que va a sacar al e-learning de su estancamiento permitiendo al mismo tiempo sobrevivir a la amenazada formación presencial. La solución perfecta y como por arte de magia. No hay más que combinar lo presencial con lo virtual en la coctelera, agitar bien y listo para servir y consumir.

Sin embargo el concepto Blended, como combinación de lo presencial con lo virtual, no significa nada por sí mismo. La tecnología es un gran acelerador de procesos y modelos cuando éstos funcionan adecuadamente. Lo que ocurre es que añadir tecnología a un modelo deficiente no sólo no lo mejora sino que lo empeora. Y esta es exactamente la situación que hasta ahora se ha vivido en todo lo relacionado con el e-learning y de ahí que los resultados obtenidos hayan sido tan pobres y decepcionantes teniendo en cuenta el maravilloso panorama que se habían pronosticado.

Un programa Blended no implica que la experiencia de aprendizaje sea más efectiva de la misma forma que un proceso de comunicación no es más o menos efectivo sólo en función del medio escogido. El teléfono no garantiza una mejor conversación que una reunión cara a cara, pero tampoco peor. No es un sustituto ni una amenaza, en todo caso un complemento pero si la comunicación no es buena de por sí, no hay mucho que hacer. Para escribir un buen libro lo importante no es utilizar bolígrafo o procesador de textos y para realizar una buena película la clave no reside en la sofisticación de los efectos especiales.

“el concepto Blended no significa nada por sí mismo. La tecnología es un gran acelerador de procesos y modelos cuando éstos funcionan adecuadamente. Lo que ocurre es que añadir tecnología a un modelo deficiente no sólo no lo mejora sino que lo empeora”

De igual manera, un curso vía e-learning no es sinónimo de mejor ni de peor calidad que uno presencial, está claro que pueden ser complementarios. No tienen ningún sentido tratar de que todo sea 100% on line por definición como tampoco lo tiene la situación contraria. Sin embargo si el paradigma sigue siendo el mismo, es un fraude pensar que esta combinación es la solución.

La educación presencial tradicional trata al alumno como un mero espectador. Todo sigue girando alrededor de un profesor que monopoliza y acapara el espectáculo mediante lecciones magistrales donde recita datos e información y trata de medir el conocimiento de sus alumnos a través de exámenes. Los alumnos se limitan a escuchar callados durante horas, tratar de no aburrirse, memorizar lo necesario para aprobar el examen y continuar avanzando. Pensar que esta labor del profesor es enseñar y esta actividad de alumno es aprender es una ilusión. Fabricamos meros asistentes, casi nunca participantes. Al cabo de pocos meses, los alumnos han olvidado casi todo lo “aprehendido” y lo poco que recuerdan son incapaces de encontrarle aplicación práctica. ¿Integrales y derivadas? ¿Latín? ¿Trigonometría? ¿Las leyes de Mendel?

Internet ha favorecido la distribución y el acceso de la información. Volviendo al ejemplo inicial, antes para ver el espectáculo, un partido de fútbol, había que acudir al estadio y para el caso de la educación, al aula. Ahora no, como pasó con la televisión, sin movernos de casa tenemos acceso a los cursos de todos los colores y sabores. La educación viene a nosotros. Anytime, anywhere. Genial. Lo grave es que el problema continúa siendo el mismo. La versión on line se limita a virtualizar lo presencial. El alumno sigue siendo el mismo espectador que era antes y además ahora está solo, con un artefacto tecnológico por medio y las autopistas de la información que muchas veces no se comportan como tales. Por si fuera poco, la mayor parte de los contenidos dejan mucho que desear, al igual que ocurre con la mayoría de los partidos de fútbol. ¿Por tanto, de que nos sirve tener acceso fácil y rápido a unos contenidos pobres?

En el fondo la palabra Blended es una excusa para perpetuar los mismos vicios, para continuar haciendo lo que ya se estaba haciendo: aprovechar los viejos manuales de los cursos presenciales, en definitiva para no tener que replantear las cosas de nuevo. Hay muy pocas cosas que se puedan hacer en un aula y que no se puedan hacer vía e-learning. La ecuación fútbol en el campo + fútbol en la tele = el espectador aprende a jugar al fútbol es obviamente falsa. Aprende DE fútbol pero no aprende a JUGAR que es de lo que se debiera ocupar la educación.

El aprendizaje natural del ser humano parte del modelo del aprendiz, se aprende haciendo, cometiendo errores, reflexionando y rectificando casi siempre con ayuda de alguien más experto. Si seguimos la pista de un recién nacido durante cuatro años por ejemplo, comprobamos que es capaz de aprender una impresionante cantidad de cosas y todas ellas sin necesidad de hacer ningún curso, sin ni siquiera saber leer, escribir e incluso hablar. Todos somos unas inconscientes y complejas máquinas de aprender. De no ser así, hace mucho que habríamos muerto, atropellados, por ejemplo, por un coche en un semáforo. La conclusión es bastante simple: para aprender es fundamental tener objetivos que alcanzar, metas que cumplir. Y por tanto es imprescindible la motivación y el interés. Es un proceso interno, hay que “querer” aprender, ser curioso, preguntarse el porque. Primero la práctica, la acción y luego la teoría. El resto sólo viene después. Parece sencillo pero no lo es. Cualquier intento de facilitar el aprendizaje, por los medios que sea, que no parta desde los intereses, las preocupaciones, las necesidades de aquellos a quienes va dirigido, está condenado a tener problemas. De nuevo, resulta obvio pero apenas se cumple, podéis comprobarlo en vuestra propia experiencia educativa. Yo estudié la carrera de Derecho pero sin embargo, lo que estudié apenas tiene que ver con el trabajo diario de un abogado y además apenas recuerdo nada de lo que estudié.

Esta frase de John Dewey lo explica muy bien: “Que la educación no es un asunto de narrar y escuchar sino un proceso activo de construcción es un principio tan aceptado en la teoría como violado en la práctica.” Por tanto, es imprescindible plantear al participante proyectos reales y basados en objetivos que le interesen a él, apoyados en la tutoría socrática donde no hay respuestas correctas. En definitiva en construir simulaciones donde puedan practicar aquellas tareas que les esperará al día siguiente en su puesto de trabajo. Que esto ocurra en un aula o en la virtualidad no tiene especial relevancia. Las buenas noticias son que casi todo ello es perfectamente realizable con apoyo de tecnología y es aquí donde el término Blended empieza a cobrar sentido. Así que si hablamos de Blended, tenemos que utilizarlo con todas las consecuencias: qué parte del curso debe ser presencial y qué parte virtual, qué parte puede ser de autoaprendizaje y qué parte tutorizada, qué parte sincrónica y qué parte asincrónica, qué papel debe jugar el facilitador presencial y el tutor virtual, merece o no la pena diseñar píldoras, casos, simulaciones, role playing, ejercicios, tutoriales, dónde situamos actividades individuales y actividades en grupo, dónde situamos foros de discusión que recopilen pero también generen conocimiento, cómo organizamos ese conocimiento, cómo diseñamos las comunidades de aprendizaje o de práctica, cómo utilizamos técnicas de storytelling o action learning, qué tecnologías y recursos podemos emplear (audio, vídeo), si el acceso y distribución será vía LMS o a través de CD Rom, cómo podemos emplear herramientas como weblogs, etc. Esto sin entrar a profundizar en todo lo relacionado con la personalización del servicio a la medida de las necesidades de cada persona. Al fin y al cabo, Internet es el medio idóneo para segmentar y tratar a cada cliente de manera individual, el tan aclamado one to one.

“Cualquier intento de facilitar el aprendizaje, por los medios que sea, que no parta desde los intereses, las preocupaciones, las necesidades de aquellos a quienes va dirigido, está condenado a tener problemas.”

En las aulas el índice de participación de los alumnos es escaso y no queda registro de esas participaciones esporádicas. Las simulaciones cubren exactamente la brecha entre el mundo real y el aula y ofrecen al alumno las oportunidades de HACER y experimentar que no tienen las aulas. Hace tiempo que sabemos que tendremos que acostumbrarnos a convivir toda la vida con un skill gap permanente, ya que se genera conocimiento a un ritmo más rápido que nuestra capacidad de absorberlo. Por eso, deberíamos hablar de trabajadores del comportamiento más que del conocimiento: qué saben hacer hoy (presente) y qué son capaces de aprender y desaprender para lo que les espera mañana (futuro). No seamos tan ingenuos como para pensar que seremos capaces de cambiar los comportamientos de las personas por el mero hecho de sentarles en un aula y explicarles como son las cosas o por el hecho de que lo lean en una pantalla de ordenador y respondan a un examen tipo test. Todo el mundo sabe que racionalmente, el tabaco es perjudicial para la salud pero a pesar de ello siguen fumando sin importarles demasiado.

“Las tecnologías no cambian la manera que tienen los seres humanos de aprender, pero ayudan a eliminar obstáculos. Aprender a través de TIC’s es más complicado que acudir a un aula, a priori. La ventaja es que los ordenadores tienen el potencial para convertirse en una forma de hacer las cosas de una manera diferente”

¿Por qué el e-learning no puede ser mejor que la formación presencial? Conozco algunos buenos proyectos de e-learning que ofrecen al alumno la posibilidad de hacer, investigar y experimentar y eso es mil veces más divertido, atractivo y práctico que estar sentado pasivamente en una sala por muy bueno que sea el profesor. Además comparten su aprendizaje con otros, con sus pares y sus tutores, que están tratando de hacer lo mismo que ellos y se encuentran con problemas similares. Aprenden DE otros y CON otros, colaboran, discuten, realizan proyectos en grupos, aprenden a relacionarse, a comunicarse, a hacer preguntas, a buscar información, a seleccionarla, la defienden públicamente, la argumentan, etc. Las tecnologías no cambian la manera que tienen los seres humanos de aprender, pero ayudan a eliminar obstáculos. El e-learning no consiste solamente en navegar por Internet o en descargar contenidos o acceder a diferentes recursos. Aprender a través de TIC’s es más complicado que acudir a un aula, a priori, hay más obstáculos que tener en cuenta. La ventaja es que los ordenadores tienen el potencial para dejar de ser un medio de hacer las mismas cosas más rápido y convertirse en una forma de hacer las cosas de una manera diferente. E Internet es el primer medio que permite que todos se comuniquen con todos, permite un nivel de interactividad e inmediatez desconocido.

Como ejemplo final, podríamos diseñar un gran curso de cocina que mezclase unos módulos presenciales teóricos y otros vía e-learning, todo muy “blended”. El programa abordaría asuntos que irían desde cómo seleccionar los alimentos, cómo escogerlos y comprarlos en el mercado, multitud de recetas y trucos, vídeos de grandes cocineros, etc. A nadie se le pasaría por la cabeza que la parte principal del curso no fuese practicar en los fogones con sartenes y demás cacharros y quemar unos cuantos platos antes de empezar a mejorar. Pues bien, la mayor parte de cursos Blended, desde la negociación hasta la dirección de reuniones, inteligencia emocional o finanzas se centran en todo menos en practicar las tareas reales. Es decir nunca negocias con nadie, jamás diriges reuniones, no empatizas con otros y rara vez realizas la cuenta de explotación de una empresa. Mucha teoría y nunca práctica. Obviamente algunas de habilidades deben hacer más hincapié en un trabajo presencial y emocional, otras pueden descansar más en lo virtual e intelectual. Sin embargo, si esos cursos no se parecen al trabajo para el que tratan de prepararte, no sirven de nada por mucho cartel de Blended que incorporemos. En definitiva, aunque el objetivo consiste en enseñar a los alumnos a cocinar, creemos lograrlo por el mero hecho de que en lugar de utilizar la cocina, ahora lo pueden hacer desde su ordenador. Eso no es Blended, es una simplificación de la realidad. Ponerle la etiqueta Blended y cambiarlo todo para que nada cambie.

Javier Martínez Aldanondo, Experto en Gestión del Conocimiento

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